Mi amigo el taxista: Feliz Año Nuevo

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—Doña, hace mucho que no la veía. ¿Todo bien, la salud?
—Todo bien. Bueno, es una manera de decir. La salud fenomenal, desde el 2016 no he encontrado a nadie que no se haya curado de la Hepatitis C. Esto de sacar del cuerpo una enfermedad que avanza silenciosa y mata, es casi un milagro. 
—Y entonces, ¿por qué dice “es una manera de decir”?
—Porque usted me preguntó por la salud y también si estaba todo bien. Y no está todo bien. Usted y yo hablamos siempre sin pelos en la lengua. Por ello le digo: el taxi es muy costoso, para los jubilados y para la clase media. Ahora se lo toma por necesidad, antes de esta barbarie económica, también se lo tomaba por comodidad.
    —Pero no somos mala gente, aumentamos porque todo aumenta.
    —Seguro. Son trabajadores apretados por este desmanejo de la economía. Pero al momento de pagar el viaje, no alcanza para la mayoría. Desde la clase media para abajo todos nos hemos venido a menos si del bolsillo hablamos. Mire esta calle San Luis, por citar un ejemplo, ¿cuántas persianas bajaron? ¿Vio la tristeza de la Navidad? Solo por el consumismo incorporaron a la sociedad argentina un viejo barbudo que no tiene nada que ver con la Natividad. Navidad. Nacimiento. Y fallaron. Cuando yo era chica se armaba el pesebre y se esperaba en familia que dieran las doce campanadas que anunciaban el nacimiento, la vida, la esperanza y por todo ello se brindaba.  Católicos o no, las familias conmemoraban así. El árbol de Navidad cargado de regalos no existía. Luego, algunos años de engañosa bonanza, permitieron desparramar regalitos a través de ese desconocido que fueron metiendo en la cabecita de los más pequeños para triplicar el consumo. Hoy, muchos de ellos se encontraron con que el viejo se volvió mezquino o ni siquiera apareció. Muchos hogares levantaron una copa con un trozo de pan dulce gracias a la solidaridad maravillosa que caracteriza a los argentinos. Bueno no me haga mucho caso, a veces la realidad me dobla.
—Pero usted nunca se quiebra, doña. ¡Vamos, que viene un año nuevo y a lo mejor las cosas cambian!
—¡Ay! El cambio, la transformación, tendría que venir de personas capaces, dedicadas a la política con entrega, por y para el pueblo. Que no sean corruptos o aprovechadores de lo poco que queda para asegurarse un futuro económicamente tranquilo. ¿Vio usted alguna cara nueva que apunte a eso? Porque hasta acá es una alternancia de los mismos rostros, los mismos versos, las mismas promesas incumplidas. Cuando hay elecciones se unen a un partido e injurian al otro. Años después hacen lo mismo al revés. ¿Cómo creerles? Falta un líder y un equipo. Un equipo de inteligentes, que no sean corruptos y que tengan un solo  interés común: el pueblo. Hubieron algunos en nuestra historia. Fueron geniales. Pero les cortaron las alas. Y sus llamados seguidores no entendieron ni medio las verdaderas propuestas de aquellos líderes auténticos.
—Guau, no se me caiga doña.
—Eso sí que no. Es un análisis no una claudicación. Cada uno de nosotros debe dar batalla desde su lugar social. Contribuir en lo que sea con todo. Porque si nos quedamos en el rezongo y les echamos las culpas a los demás sin hacer nada, los malos gobernantes seguirán sus siniestros rumbos con beneplácito. Ningún gobierno pudo jamás contra un pueblo unido, firme y hermanado. Por eso fomentan las grietas porque con ellas seremos vencidos, a no ser que nos avivemos a tiempo. Yo confío. Desde mi humilde lugar pienso seguir y seguir hasta el final de mis días.  Por lo cual espero que  usted, su señora, su familia y todos los argentinos podamos lograr unidos un verdadero FELIZ AÑO NUEVO.
 

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