Si bien Roma y La favorita partían como los dos largometrajes más nominados, un tercero aparecía como candidato a llevarse el Oscar a la mejor película en la edición 91 de los premios que reparte la Academia de Artes y Ciencias cinematográficas de Hollywood. Esa cinta era Green Book.

En gateras, el film de Peter Farrelly contaba con cinco candidaturas mientras que los dirigidos por Alfonso Cuarón y Yorgos Lanthimos (respectivamente) aspiraban a diez. 

Y pese a que podía pensarse que la relectura de Conduciendo a Miss Daisy (con roles masculinos y el cuervo Mortensen al volante) corría “de atrás”, en rigor. contaba con el envión del Sindicato de Productores.

Con casi tres horas de ceremonia, la zanahoria que invitaba desde el comienzo a ver la gala se fue diluyendo hasta borrar el hilo que la sostenía. Lo que estaba en juego era la posible consagración de un largometraje hablado en español, protagonizado por mujeres y producido por Netflix.

En rigor, la entrega estuvo precedida por una seguidilla de hechos que hicieron que casi todos los caminos terminasen en Roma. Por ejemplo, se habló de un “Oscar popular” vinculado a la taquilla, luego desestimado. O casi, si se piensa en Rami Malek como mejor actor.

También es verdad que al momento de seguir a través de una pantalla la transmisión de los Oscar se acepta cierto “contrato” como público. Es decir, salvo que Warren Beatty y Faye Dunaway entreguen una estatuilla, todo sigue su estricto curso (más allá del esfuerzo ecuánime de este año a la hora de repartir el medallero).

Entre el “MeToo” y el “no yo”

La octava tampoco fue la vencida para Glenn Close. Con La esposa, la actriz llegaba a un número máximo de nominaciones fallidas. En una entrevista con la agencia NPR, contó que el film dirigido por Björn Runge tuvo que esperar 14 años para pasar de la idea a la pantalla y que el motivo principal fue que ningún actor “clase A” aceptaba ser segundo de una mujer.

En el apartado mejor actriz protagónica competía con Olvia Colman, nominada por su desempeño como la Reina Ana en La Favorita. La película aspiraba a diez premios. Y el de Colman fue el único que consiguió (teléfono para la Academia: acá hay una presentadora para la próxima entrega).

En la trama, es ella quien junt. a sus “favoritas” Sarah Churchill, duquesa de Marlborough (Rache Weisz) y su prima Abigail Hill (Emma Stone) dirimen el destino de una Inglaterra en guerra, a comienzos del S XVIII.

Marcada por la diversidad sexoafectiva –una masturbación en la noche de bodas es casi el único guiño heteronormativo–, la cinta revela en la costumbre de arrojar naranjas a un cortesano desnudo uno de los mayores divertimentos de los hombres en el palacio.

El resultado final de uno sobre diez no pone a La favorita en la categoría de gran perdedora. Ni este largometraje ni La esposa habrían encontrado pantalla (y dinero) hace no demasiado tiempo atrás. Y esto se explica –al igual que el matriarcado en Roma– en el empuje del MeToo, en particular (estamos en Hollywood), y del movimiento de mujeres a escala planetaria, en general.

Sin embargo, no hubo realizadoras nominadas en la categoría mejor dirección.

Rojo sangre

“Para todos (y todas) quienes creen en lo imposible. Gracias a National Geographic por creer y contratar a una mujer”, dijo la Elizabeth Chai (directora del film) al aceptar su reconocimiento al mejor documental por Free Solo

En el mismo género cinematográfico, Period. End of Sentence fue elegido mejor corto documental. El registro de Rayka Zehtabchi (disponible en Netflix) recupera la experiencia de un grupo de mujeres en Hapur, un pueblo rural de India, que aprenden a confeccionar su propias toallas higiénicas. 

El registro es un "tacle audiovisual" de 28 minutos a la estigmatización en torno a la menstruación que promueve el sistema patriarcal (y el capitalismo).

Qué se puede hacer salvo ver películas

En Roma, la trama está centrada en una de las dos empleadas domésticas de una familia de clase media en el barrio mexicano de Colonia Roma en los ’70. Hablada en castellano, sus (diez) nominaciones se leyeron en el marco de las (actuales) relaciones entre México y Estados Unidos. El debate también avanzó sobre la "(Roma)ntización del trabajo doméstico", tal como apuntó la web Economía Feminista.

Cuarón no es un extraño para la industria (ganó un Oscar en 2013 como director con Gravedad). Y si bien fue reconocido por su apuesta estética –Oscar a la mejor fotografía– y por su pericia –otra vez mejor director– el límite (al menos por ahora) parece ser Netflix. La plataforma vino a redefinir el modelo de negocio del entretenimiento. Y Hollywood lo sabe.

Un artículo publicado por Deadline el último 14 de febrero explicaba cómo Steven Spielberg habría ayudado a cambiar la suerte de Green Book. El director intervino en la distribución del film a través de su productora, Dreamworks, y un acuerdo con Universal. 

Así, la película protagonizada por Viggo Mortensen y Mahershala Ali habría encontrado una amplia pista de despegue para sus aspiraciones.

¿Cómo fue que una película basada en la amistad que trabaron el chofer italoamericano Tony Lip y el concertista afroamericano Don Shirley durante un viaje por el sur de los Estados Unidos en los ’60 que desborda de frases hechas y lecciones de vida ganó el Oscar al mejor film? Quizás, porque de cine se trata.

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