El gobernador Omar Perotti y su ministro de Economía terminaron 2021 masticando enojo por los cambios a la ley tributaria y la postergación del Presupuesto 2022. Después de brindar en familia el fin de semana de Año Nuevo, el lunes a la mañana finiquitaron detalles de lo que una perspicaz voz del oficialismo provincial denominó “Operativo Sequía”. Quien haya escuchado al ministro Agosto en las primeras horas de 2022 pudo tomar nota del vuelto que preparaba la Casa Gris. 

“Veo que hay algunos diputados e intendentes de la oposición que creen que la prórroga del presupuesto solo afecta al Poder Ejecutivo. Hay que tener en cuenta que también alcanza al Poder Legislativo y a diferentes fondos con destino a municipios y comunas”, dijo Agosto el martes, tras confirmar la reconducción del presupuesto del año anterior. 

Curarse en salud

Alertado de que “se demorarían” las partidas, el intendente de Rosario habló con el ministro Coordinador Marcos Corach. Horas después el propio gobernador se comunicó con el intendente y desactivó un potencial conflicto político: le informó que la ciudad contará con esos fondos en los primeros días de esta semana. Desde entonces arrancó la cuenta regresiva

¿Cuál es el objetivo que persiguen Perotti y Agosto cerrando el grifo?, preguntó Rosario3. “Probablemente haya más enojo que estrategia política. Javkin jugó muy fuerte al pedir a los diputados que no voten la media sanción del Senado. Fue el motorizador de lo que pasó y de la resistencia hasta último momento en Diputados”, respondieron desde la capital provincial, aunque la misma fuente matizó: “Al igual que Emilio Jatón de Santa Fe, ambos defendían lo suyo y pidieron que los compromisos de obras para ambas ciudades se dejen por escrito en el presupuesto. Los dos saben que en el segundo semestre comienzan los posicionamientos políticos en vistas a 2023 y lo que no está escrito puede no estar nunca”.

Cuando le llevan ese planteo Javkin retruca: “No me pueden decir nada. Yo les di alternativas y ellos eligieron acordar con los senadores y se olvidaron de Rosario”. ¿Poner el freno de mano sobre recursos de los municipios, puede inclinar la mesa de negociación a favor del gobierno provincial cuando se retome en febrero el Presupuesto? Es improbable. Incluso considerando la diversidad de intereses y proyectos que conviven bajo la definición genérica de “oposición”. 

Debe tomar nota el Ejecutivo, porque la oposición no le ganó la partida de la ley tributaria a causa de que un diputado se fue de vacaciones al Océano Índico. La ganó contra todo el peronismo votando unido, habiendo agotado el recurso extremo de hacer votar el proyecto en cinco oportunidades y con la ventaja de ser el Senado la cámara de origen. A excepción que consiga quebrar a un senador radical, si toma el mismo camino llegará al mismo lugar.

El costo de la partida

¿Cuál es la dimensión real del daño que le provocó la movida opositora a la administración de Omar Perotti? Esencialmente hay dos puntos: la alteración de la distribución de la recaudación del Impuesto Inmobiliario en la ley tributaria (unos 1.500/2.000 millones que pasan de la provincia a los municipios) y no disponer de autorización para tomar crédito (los permisos de 2021 eran sólo por ese año, por lo tanto no pueden ser reconducidos).

El proyecto de presupuesto 2022 con media sanción del Senado contempla autorización de endeudamiento por 7.000 millones para obra pública y otros 17.000 millones para atender el vencimiento de capital de deuda por 120 millones de dólares que vence en marzo próximo. Veamos qué tanto se le complica a la Casa Gris no poder salir a pedir plata prestada.

En 2021 el gobierno tenía permiso para tomar créditos por 31 mil millones de pesos, de los que usó 18.600 millones, según el informe que Economía envió a la Legislatura hace 10 días. Esta última cifra incluye un crédito bancario de 5.000 millones tomado en noviembre, que así como se tomó se recolocó en el Fondo Común de Inversión (FCI) Carlos Pellegrini.

Ese pase indica que el gobierno no necesitaba el dinero, más teniendo en cuenta que informó haber cerrado el año con 29 mil millones entre plazos fijos y el FCI, recursos más que suficientes para cubrir el vencimiento de marzo próximo. Pero se terminaba el año y no había usado ni la mitad del endeudamiento que le autorizaba el presupuesto, por lo tanto aprovechó la disponibilidad de dinero prestable y lo tomó. “Mejor pájaro en mano” habrán dicho Perotti y Agosto temiendo que no les renueven la autorización para este año. 

Billetera

Uno de los puntos que llamó la atención del proyecto de presupuesto 2022 era que reveía 12.000 millones para Billetera Santa Fe en 2022, cifra muy menor en relación a los 30.000 millones que le costó al Estado provincial en 2021.

La incógnita se reveló esta semana con anuncios que restringen los descuentos a determinados días y limitan rubros. Sumado, por supuesto, el efecto inflación que se come el tope de 5.000 pesos mensuales. El gobernador no quedó conforme con la forma en que se comunicó la medida, que al final sonó más a retroceso que a otra cosa.

Leída en términos de subsidio, repensar Billetera tiene lógica. Se justificó su masividad cuando el primer respiro de la pandemia demandaba combustible para reactivar la economía. Un año después, la perspectiva cambió: ahora luce como un subsidio indiscriminado que transfiere recursos de forma invertida y financia en el mismo plano el pan de un hogar humilde como el whisky en una familia acomodada.

Pero todo subsidio es una medida política antes que económica, y Billetera no es la excepción. Por eso la conveniencia o no de limitar sus alcances, abrió un debate adentro del peronismo, teniendo en cuenta que Billetera y Boleto Educativo –es decir dos subsidios populares– son las políticas propias que lograron conectar masivamente. Sólo basta decir que al 31 de diciembre el programa cerró con 1.400.000 usuarios y 30.000 comercios adheridos. 

Bloques en tensión

A nivel nacional, la negociación con el Fondo Monetario Internacional es el campo de juego donde chocan viejas y nuevas tensiones de los dos grandes de bloques de poder.
Por lo pronto, el gobernador jujeño y presidente de la UCR provocó un sacudón dentro de Juntos por el Cambio cuando contradijo a los referentes del PRO en relación a la convocatoria del gobierno nacional. “Esa deuda la tomamos nosotros, lo menos que podemos hacer es ir a escuchar”, disparó. Morales le dio voz propia a su partido sobre un tema crucial para el país, pero lo de fondo es el metamensaje que conlleva un desafío a la hegemonía que desde 2015 y de forma fáctica consagró al PRO como “conductor natural” y al radicalismo como socio acompañante. 

Si a partir de diciembre de 2019 la oposición se hizo la distraída sobre la deuda y miraba para otro lado, la frase “La deuda la tomamos nosotros” rompe esa línea y deja en falsa escuadra el relato del macrismo, que argumenta que la culpa es del kirchnerismo por el déficit y la deuda que dejó en 2015. Fue lo que le respondieron a Morales, con términos insultantes y descalificadores, los diputados Fernando Iglesias y Waldo Wolf.

Morales posiciona a los radicales en el centro de la coalición centroderecha. Mientras el macrismo en particular y el PRO en general se ven obligados a revisar discurso e invertir tiempo y esfuerzos en atajar el avance de las figuras “libertarias”, los radicales se posicionan en el centro, el de la oposición “sensata”, “constructiva” o “razonable”, lugar que cada vez le cuesta más sostener al porteño Horacio Rodríguez Larreta. El jefe de Gobierno porteño no la tiene fácil para su carrera presidencial: el macrismo por un lado le corre la línea todo el tiempo y no lo permite relajarse; y los radicales por el otro le pisan el carril que transitó con holgura estos dos años de pandemia y crisis. 

La reunión de gobernadores convocada por el ministro Guzmán no colmó las expectativas en los círculos políticos y económicos-financieros. Se sumó el contrapunto entre público con el gobernador de Buenos Aires que escenificó las conocidas tensiones del Frente de Todos.
Kicillof, el mismo al que después de las Paso de septiembre el propio kirchnerismo forzó a un profundo cambio de gabinete ante las dificultades que experimentaba su gestión, le sugirió al ministro cambiar la estrategia con el Fondo. Guzmán le recordó que no se pueden construir soluciones sin tener en cuenta las relaciones de fuerza existentes. 

La negociación con el FMI expone el dilema en el que quedó entrampada la Argentina con esa deuda, tomada de forma suicida sin controles de cambio y con el único fin de salvar el gobierno de Macri. Dilema que en menor medida también persigue al kirchnerismo, pero por otro motivo. Siente que buena parte de su capital simbólico se juega en una negociación que no conduce. De ahí la recurrente necesidad de diferenciarse públicamente del albertismo.