Volar lejos del nido

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En varias oportunidades escuche la frase "yo no tengo sueños".
Me es inevitable dejarla de oír como eco en mi cabeza, repitiéndose sin querer salir. 
Creo que nos han enseñado a soñar pequeño, creyendo que soñar algo increíble, algo que realmente podría suceder, que podría cambiar la historia, sería solo eso, un simple sueño.
Pienso constantemente qu{e pasaría si en lugar de crear paradigmas que limitaran la vida de las personas, nos dedicáramos a crear paradigmas que verdaderamente nos ayuden a superarnos, a vencer nuestros miedos y lograr hacer realidad aquellos sueños.

Entonces, la clave para hacer algo brillante, es crear algo brillante. No actuar brillante y ser ese ejemplar titulado por el sistema. Pero suele ocurrir que al compartir aquel sueño increíble recibimos respuestas en las que nos consideran irrealistas. Donde nos dicen: "Está bien que quieras cambiar al mundo, pero la realidad no es así” . Donde nos repiten una y otra vez que tenemos que tocar tierra. 

Pero no puedo evitar amar la analogía de que somos como barcos. 
Tiempo atrás, uno de mis primeros libros me enseñó algo especial.  “Desde que nacemos nos van armando y preparando para altamar, nos van construyendo para que sepamos qué hacer ante vientos y tormentas. Nos van enseñando que hay un mundo enorme afuera de siete mares, de seis continentes. Y es antes de estar listos que queremos salir, cuando todavía somos pequeños y aún nos siguen preparando. Y en el momento en el que sí estamos listos para zarpar, cuando nuestros cascos y velas están más fuertes que nunca, es cuando no levantamos ancla. Sintiendo que algo nos falta, que aún no estamos listos, porque hay tormentas, porque hay.. Somos barcos, en el puerto estamos seguros pero no fuimos construidos para eso”.

Sentada en mi escritorio con música de fondo que hace de telón de este porvenir, me acompaño de unos pequeños jazmines de mi propio jardín, que al mirarlos me repiten aquellas palabras que ya he escuchado por ahí. Volar lejos del nido.

Volar
Verbo intransitivo
Volar
Moverse por el aire usando alas o un medio artificial. 

¿Cuántas otras definiciones de volar podemos incorporar? Volamos a través de la música, volamos a través de las palabras, volamos a través de las miradas. 
Ahora bien, ¿qué es aquello que nos ocurre por dentro cuando decidimos volar lejos del nido? 
Durante mucho tiempo me he preguntado si el camino que se elige siempre es el correcto.
Hoy estoy convencida de que lo correcto está en la elección, no en el acierto.
Es decir, el error más grande, lo cometemos cuando, por temor a equivocarnos, terminamos fallando en el dejar de arriesgar. 
¿Acaso el río se equivoca cuando al encontrarse con una montaña en su camino retrocede para seguir avanzando hacia el mar? ¿O se equivoca el agua, que por temor a seguir buscando, se estanca y se pudre en la laguna? 
¿A qué llamamos error? Mejor dicho, ¿a qué consideramos un error?
Creo que no se equivoca una semilla cuando muere en un surco para hacerse planta, se equivoca la que por no morir bajo la tierra, renuncia a la vida.
Creo que  no se equivoca el hombre que ensaya muchos caminos para alcanzar sus metas, se equivoca aquel que por temor a fallar decide no actuar. 
Creo que no se equivoca aquel pájaro que al intentar su primer vuelo cae al suelo, sino el que por temor a la caída renuncia a volar permaneciendo en su nido. 
Dallamos entonces, cuando elegimos no seguir probando alternativas. 
Ya que cuando una de las puertas se nos cierra, otra se abre, pero a menudo nos quedamos mirando tanto tiempo la puerta cerrada, que no logramos ver aquella que está abierta. 
Me pregunto, ¿por qué tratamos de realizar algo grande sin darnos cuenta de que la vida se compone de cosas pequeñas?
Nacimos para vivir, no para existir. 

Tengámosle miedo al no hacer, pero no al error de hacer. 
Tengámosle miedo a la rutina, no a la adrenalina. 
Tengámosle miedo al guión, no a la incertidumbre de hacia dónde voy.
Tengámosle miedo a lo esperado, no al cambio improvisado. 
Porque el miedo no es más que una emoción que inventamos para mantenernos a salvo de todo aquello de lo que nos sentimos amenazados. Cuando en verdad lo que tanto nos asusta es ese instante justo antes de saltar. Pero a veces lo bueno nace de un salto al vacío, ¿cierto?

A días de partir, rumbo a una nueva experiencia por vivir, aprendí algo, aprendí que no hay un método para el conocimiento propio. El hecho de buscar un método implica el deseo de obtener algún resultado, que es lo que todos queremos, obtener resultados. Pensando que aquel resultado habrá de ser satisfactorio ya que nos brindará seguridad. Ahora entiendo que en realidad esa postura de buscar no lleva a conocerme a mí misma, a mis impulsos, mis reacciones, todo el proceso de mi pensar, tanto lo consciente como lo inconsciente, sino que estaba deseando más bien seguir un sistema que me asegure un resultado. 
Pero para transformar el mundo debemos empezar con nosotros mismos, donde lo importante es la intención. Esa intención de comprendernos, de no delegar en otros la tarea de transformar o de originar un cambio. Es indispensable aprender que es nuestra responsabilidad, porque por pequeño que pueda ser el mundo en el que vivimos, si somos capaces de transformarnos a nosotros mismos, de originar un punto de vista radicalmente distinto en nuestra experiencia diaria, entonces, quizás, afectaremos al mundo en general. 

"Está bien que quieras cambiar al mundo, pero la realidad no es así". Escucho aquellas palabras que por tiempo resonaron en mi. 
Puede que aquella persona esté en lo cierto, pero si no podemos cambiar al mundo, podemos cambiar la parte del mundo donde nos movemos. 

Una nota mental que me gusta recordar a diario es que la vida nos regala nuestra presencia para darnos existencia. Y suelo pensar que cada vez que rechazo el presente estoy eligiendo estar ausente. El presente es el único instante que nos conecta con la consciencia, cuando nos desenfocamos, nos descentramos, elegimos en fin, estar ausentes. 
Vale la pena rememorar que las grandes oportunidades de la vida, sólo pueden ser aprovechadas entre los que están presentes. 
Es difícil, no es fácil. Es muy difícil cambiar nuestra vida. Pero admitir que es difícil es saber que es posible y los tiempos difíciles van a venir, pero no para quedarse, van a venir para pasar. 
Vivamos para crecer, para trabajar en nosotros mismos, para trabajar por nuestros sueños. 
Porque para aquellos que corren hacia sus sueños, la vida tiene un significado especial, sabiendo que si va a suceder, depende de uno. Donde las opiniones de otras personas no son nuestra realidad. 

El propósito es la razón de tú viaje, la pasión es el fuego que ilumina tu camino.
 

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