Cambiemos, la oposición y el novedoso caso santafesino

El gobierno nacional tuvo una cosecha de votos notable y lo deja posicionadísimo para octubre. Santa Fe deja muchas aristas abiertas. El análisis de David Narciso
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El gobierno nacional superó la primera prueba electoral con una cosecha de votos notable para una legislativa. El resultado tiene el mérito de haberse construido no en torno a la figura de candidatos, sino con la marca Cambiemos como motor de tracción, lo que supone un apoyo explícito a la gestión.

Ese 37 por ciento a nivel país es un piso alto para presentarse en octubre, con posibilidad de crecer si lograse convencer a parte de los que no votaron y a quienes lo hicieron por partidos que quedaron fuera de carrera. Es lo que necesita para ganar terreno en el Congreso. Aunque es casi imposible que alcance mayoría, necesita arrimarse lo que más pueda a esa meta para no depender tanto de alianzas para sacar leyes.

La oposición

Distintas expresiones del peronismo, según las provincias, canalizaron el voto en contra del gobierno. El kirchnerismo en Buenos Aires y Santa Fe, Juan Manuel Urtubey en Salta, el conservador Gildo Insfrán en Formosa o cualquiera de los otros gobernadores del PJ. 

Resalta la figura de la ex presidenta Cristina Fernández, porque aún sin lograr la victoria que se preanunciaba ratificó su vigencia, y empardó a Cambiemos. Puede que su estrella ya no sea la misma, pero 35% de votos en esa provincia le garantiza un sillón en el Olimpo de la política argentina.

Geografía del voto

Como regla general, la Pampa Húmeda es la región geográfica que mejor se siente expresada por Cambiemos, mientras que predominaron otras opciones electorales en el resto. 

Además del aplastante triunfo de Elisa Carrió en Capital Federal, los candidatos de Macri se impusieron en Córdoba, La Pampa, Jujuy, Corrientes, Mendoza, Entre Ríos, Corrientes, San Luis, Neuquén y Santa Cruz. 

En Santa Fe y Buenos Aires, a pesar del empate técnico, hicieron buenas elecciones. Si algo las empañó fue el propio oficialismo al manipular la carga de datos durante el escrutinio para festejar tempranamente triunfos donde no los había o no estaban garantizados. 

Por ejemplo, a las 2.30 del lunes la página oficial sólo había cargado el 40% de las mesas de Rosario. Cuando se completó, bien entrada la madrugada y con la mayoría de los santafesinos durmiendo, el Frente Justicialista pasó al adelante.

En Tucumán, La Rioja, Catamarca, Formosa, Misiones, Santiago del Estero, San Juan, Tierra del Fuego, Chaco, Río Negro, Chubut, Salta, San Juan Cambiemos fue relegado por candidatos justicialistas o de fuerzas locales.

El caso santafesino

Santa Fe dejó muchas aristas abiertas. La polarización entre macrismo y kirchnerismo es real y al igual que en 2015 condenó al Frente Progresista.

Luis Contigiani llegó al día de la elección con apenas 40 % de conocimiento, pero lo mismo o peor puede decirse de Albor Cantard que encabezó la lista de Cambiemos. No estuvo ahí el problema.

Parece más claro que los santafesinos, y en especial Rosario, no eligen al Frente Progresista como contracara de un gobierno nacional. En 2015 ese rol lo jugó Cambiemos y ahora el justicialismo.

Sin embargo la polarización no alcanza a explicar el resultado. En Rosario, las listas de diputados nacionales y de concejales no llegaron al 10%. Resultados similares a pesar de que se votaba con diferentes sistemas. Es evidente que operan otras variables, entre las cuales son las más mencionadas los años de gobierno y la aparición de figuras atractivas en otros partidos.

Hace tiempo las encuestas anticipaban que Rosario y el conurbano bonaerense son los centros urbanos con menor apoyo a Macri. La elección ratificó ese diagnóstico y además explicitó que ese descontento lo capitaliza el peronismo y no el Frente Progresista.

En el departamento Rosario el Frente Justicialista le sacó 10 puntos a Cambiemos y dio la vuelta el resultado provincial, dejando mal parado al intendente de Santa Fe José Corral, que de forma temprana se arrogó un “triunfo contundente” que no fue tal.

Rossi en el retrovisor

El peronismo es el gran interrogante de cara a octubre. Un primer desafío será retener a todos los que votaron por la derrotada Alejandra Rodenas. ¿Rossi y el kirchnerismo siguen siendo para muchos peronistas lo que el cuco es para los niños como hasta no hace mucho? ¿O la posibilidad de dar la pelea por la Gobernación en 2019 supera esas controversias? El domingo a la noche tanto perdedores como ganadores mostraron clara vocación de unidad.

El triunfo de Rossi 62 a 35 en la interna tiene implicancias más allá de la lista de diputados, porque si bien el senador Omar Perotti sigue siendo el peronista con más votos, el referente kirchnerista ahora se le instaló en el espejo retrovisor. 

Perotti en lo personal sobrevoló la primaria en silencio (no así su sector que jugó con Rodenas) bajo la premisa de no tomar partido, entendiendo que para pelear la Gobernación dentro de dos años necesita de todo el peronismo. Quizás tenga que recalcular, porque si Rossi ratifica su papel dentro de dos meses, nadie le va a quitar el derecho a pretender esa candidatura. Se sabe que si hay algo que destaca al Chivo es su tesón por dar las batallas, incluso las que parecen perdidas de antemano.

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