“La medicina dejó de ser una actividad en serie, para transformarse en una actividad a medida. Éste que nos ha tocado, es un caso que ha demandado no sólo tolerancia, en este caso de cuestiones confesionales; sino hay que estar abiertos a demandas personales de los pacientes en cuanto a los tratamientos”, quien así se expresaba es el doctor Andrés Ruf, médico hepatólogo, Coordinador de la Unidad de Hígado y Subjefe del Equipo de Trasplante Hepático del Hospital Privado Rosario.

¿Es necesario dejar de lado antiguos paradigmas?

Sí. En este aspecto sería la del traje a medida. Hoy la medicina es un trabajo a medida más que una respuesta en serie. En este caso en particular, se ponían condiciones para aceptar el trasplante. Se trata de una paciente oriunda de Salta que adora la vida, está de acuerdo con la mayoría de los avances de la medicina pero su inclinación religiosa, ser Testigo de Jehová, hace que no acepte las transfusiones. Así que con ella y la Mesa de Enlace de los Testigos de Jehová, que cumple una función muy importante dentro de la comunidad religiosa, pudimos llegar a un acuerdo para poder respetar la decisión de ellos; a la vez que nosotros pudiéramos llevar adelanto el acto quirúrgico sin tropiezos ni riesgos.

Quiero destacar que la Mesa de Enlace tuvo un rol fundamental para que se pudiera realizar este trasplante.

¿Cuál fue el diagnóstico de esta mujer?

Una hepatitis fulminante. La paciente vive en una reserva natural, provincial que se llama Cambufa al norte de la provincia de Salta en el límite con Bolivia; y es trasladada a Salta Capital y desde allí, en un vuelo sanitario nos la traen al Hospital Privado Rosario. Es de destacar el gran esfuerzo que hizo la Obra Social YPF Salta y Meditar que son los dos financiadores del trasplante. También esta experiencia se transforma en un buen ejemplo de mostrar que, en Argentina, no importa dónde vivas, ni qué religión profeses, para poder tener un trasplante y acceder a él.

¿El hígado donado de dónde provino?

De la provincia de Formosa. El doctor Daniel Mahuad con su equipo de anestesia y de instrumentadores fue a buscarlo y el doctor Daniel Beltramino y otro equipo comenzó la cirugía de esta mujer de 49 años.

¿La paciente sigue internada?

En las próximas horas va a pasar al piso. Hablamos con ella parada al lado de la cama. Tuvo una pequeña complicación respiratoria en el postoperatorio. Pero la función de su hígado es normal. Hoy diría que está muy cercana a su alta médica.

¿Para volver a su provincia o deberá permanecer unos días más en nuestra ciudad?

Va permanecer en Rosario para el control necesario propio de estos casos. En general después de la internación luego de un trasplante, entre tres y cuatro semanas la necesitamos cerca del Centro de Trasplante del Hospital. Pasado ese tiempo, puede venir a controles mensuales.

¿Este es un trabajo que requiere de redes de contacto con profesionales de otros lugares e incluso del extranjero?

Nos dedicamos, en nuestra vida médica, a la educación; cada integrante del equipo se encarga de enseñar su especialidad en todo el país, e incluso en Latinoamérica; así que nos hemos hecho muy conocidos y tenemos muchos contactos. Tenemos muchos amigos y colegas que formamos en toda Latinoamérica. En este caso en particular, el médico que nos llamó se formó con nosotros en Buenos Aires, en la Fundación Favaloro; y él nos contó el caso de esta paciente y nos transmitió que eran Testigos de Jehová. Muchos ignoraban si se podía hacer el trasplante. Debo aclarar que a pesar que estos pacientes no reciben transfusiones, no prohíben el trasplante de órganos. En este caso se los aconsejó que el trasplante era la indicación dada la gravedad del cuadro; y por eso llegó a nuestro Servicio.

Cierta vez nos dijiste que “sin donante, no hay trasplante” y que “la donación comienza mucho antes del momento de manifestar la voluntad de donar” ¿Si tuvieras que hacer una síntesis hoy, ¿qué dirías?

Siempre hay un último gesto, para que la muerte no se lleve todo, y ese gesto es la donación; en esos momentos tan particulares, podemos hacer algo para que la muerte no se lleve todo. Las buenas costumbres son contagiosas; yo coordino un equipo muy grande al que el Hospital Privado Rosario, le ha abierto las puertas. Y los que tenemos más experiencias en trasplantes dijimos que podíamos hacer esto acá y la institución se contagió de eso. Y el grupo de más de 50 personas con quienes hacemos los trasplantes aceptó este concepto. Y así creo que vamos contagiándonos lo que creemos que es bueno, para hacer las buenas costumbres. Y esto es un ejemplo de por qué hay instituciones que pueden hacer estas intervenciones mientras otras las rechazan.

He leído que el 93% de quienes esperan un trasplante, ¿aguardan por un riñón o un hígado?

Si es correcto, son los trasplantes más numerosos.

La gente tiene que saber que en su vida tendrá entre 10 o 20 veces más chances de estar en una lista de espera por un órgano que en ser su donante.

En el país hay 450 donantes y más de 7000 personas en una lista de espera.

 

Andrés Ruf (Coordinador de la Unidad de Hígado y Subjefe del Equipo de Trasplante Hepático) Mat. Provincial 13209