El aborto, clandestino

El proyecto de interrupción voluntaria del embarazo no fue aprobado en el Senado y la práctica seguirá en la oscuridad. La ardiente movilización verde no hizo mecha entre la mayoría de los senadores, que se inclinó por los celestes, también concentrados en la plaza "por las dos vidas"
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Buenos Aires, enviada especial.- Pudo ser legal. Este jueves a las 2.45  el Senado le puso punto final al proyecto de interrupción voluntaria del embarazo (IVE) que había sido aprobado en la Cámara de Diputados. El resultado al que llegaron los legisladores después de más de 16 horas de debate fue recibido con indignación entre los verdes en una madrugada tormentosa, cruzada por vientos impiadosos y una lluvia helada que logró empapar a millones de personas que coparon los alrededores del Congreso de la Nación, tanto del lado de los que promueven la legalización del aborto como de quienes se oponen férreamente.

El aborto seguirá siendo clandestino en Argentina, a pesar de los votos a favor cosechados entre los diputados y senadores nacionales. La noticia fue la gota que rebasó un vaso cargadísimo de agua. Del lado pro legalización del aborto, el tiempo inclemente no había logrado devolver a nadie a su casa y a pesar de que la intemperie se convirtió este miércoles a la noche en un lugar imposible, la llamada marea verde resistió hasta el final. Embarradas, congeladas y fatigadas por una jornada iniciada al amanecer en muchos casos, las "pibas" -y también los "pibes"- ocuparon las calles a pura fogata. Se adueñaron de los portales, se refugiaron en edificios y bares, algunas hasta levantaron pequeñas carpitas en los contornos de la plaza del Congreso. Pero sobre todo, se mostraron bien nutridas de un convencimiento cabal en que su insistente permanencia ahí y ahora tenía un significado trascendental para este 8A.

Es que desde hacía días se anticipaba un posible desenlace adverso a la lucha que vienen sosteniendo distintos sectores políticos y sociales hace años por sumar derechos a las mujeres y la conquista del afuera se soñó capaz de torcer las posturas más conservadoras.

No fue así. Muchas abandonaron la plaza abatidos y otras estoicas. Sobraba espíritu entre quienes defienden el aborto legal, con pañuelos verdes, make up y uñas al tono, y si era evidente su irrefrenable convicción en las horas de la tarde, el temporal que quebró el cielo y desparramó viento acá y allá, le puso la firma. Sobre los múltiples escenarios que se levantaron hubo recitales, se llenaron las carpas de organizaciones sociales, cada rincón del perímetro asignado se usó para manifestar el porqué de la necesidad de avanzar con el proyecto. Hacía la medianoche, se prestó especial atención a los últimos discursos. Fue en un pub de estilo irlandés donde las clientas y los clientes -con restos de la movilización encima en los pelos chorreando agua y las zapatillas pasadas de agua y barro- exigieron a los dueños que bajaran la música para poder oír a Pino Solanas y horas mas tarde se callaron para atender a Cristina Fernández. Más allá de que se avecinaba la derrota, se quedaron tiritando en los cordones hasta el final, pidiendo una vez más que las mujeres que abortan lo hagan en condiciones salubres y dignas.

Este miércoles fue histórico. Dos colores tomaron las inmediaciones del Congreso pero a la vez, fue todo un país sentando posturas en un marco democrático. Cada cual expresó y fundamentó su mirada de una problemática que excede las políticas públicas y seguramente los asuntos éticos y religiosos. Lo hicieron con música, plantando símbolos, masticando sus verdades en carteles, muñecos y cantitos. Tiraron bengalas, tocaron instrumentos y rieron, de uno y otro lado, mostraron la alegría que nace de la participación. 

Cuesta creer que tanta pasión se diluya. Todo lo contrario, este jueves con las primeras horas gastadas, se podía entender, más allá de la confusión que reina tras el hecho consumado, que este fue un paso dado hacía adelante. Que lo que se habló y se escuchó, lo que se debatió dentro y fuera del Congreso, es un andamio que permitirá acomodar los ladrillos más arriba y bien parejos, tan inamovibles que no sólo sean techo sino piso para nuevas construcciones.

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