Un mensaje terrorífico llega al celular. Se activa el sonido: son balazos que pudieron ser disparados acá a la vuelta. Llega otro Whatsapp, es un mensaje de audio: una voz desconocida asegura que en el barrio van a matar a todos. Días después, una convocatoria a una pelea de dos jovencitas se multiplica al punto de que se congrega una multitud para ver el “espectáculo”.

Reenviar o no reenviar, esa es la cuestión.

La viralización de información (que se difunde con gran rapidez en las redes sociales a través de internet, según la Real Academia Española) es un fenómeno de este tiempo donde la virtualidad y lo considerado como realidad avanzan en el mismo carril. Pero, ¿qué sucede si lo que se multiplica hasta el hartazgo en vez de ser dulces gatitos juguetones son amenazas de muerte para cientos de personas?

En contacto con Rosario3, el licenciado en Comunicación Social y especialista en Comunicación Digital, Juan Mascardi, aborda las causas y las consecuencias de esta escena e interroga acerca del papel que cumple cada una de las personas con un teléfono en la mano, al tiempo que advierte la presencia de un actor esencial: el poder de turno con particulares objetivos.

—En los últimos días circularon mensajes y videos de supuestos crímenes. ¿Cómo se concreta esta multiplicación de voces? ¿Cómo es que se logran desplegar al punto de generar pánico? ¿Qué hace que se pase una y otra vez ese tipo de contenido?

— Creo que el concepto clave es la desintermediación. Es pensar cómo de alguna manera los propios usuarios reciben y distribuyen información más allá del modelo tradicional de los medios de comunicación. Entonces, en esta era de desintermediación, esto que denominás como multiplicación de voces, se expande al infinito y sobre todo porque también de alguna manera expone una ausencia de formación ciudadana en torno a las responsabilidades que tenemos a la hora de manipular ciertas plataformas digitales Si uno lo piensa en términos analógicos, sería difícil imaginarse a alguien con un megáfono parado enfrente de la municipalidad o la gobernación gritando algo que no es.

Pero, estas plataformas digitales lo que hacen es, lo que a mí me gusta denominar apología del rumor, porque nada tiene de malo, la cola de un colectivo, o pensemos en un diálogo con la silla afuera del hogar con un vecino y comentar el rumor. Lo que ocurre es cuando se distribuye esa información y el exponencial es al infinito, hay ciertas cuestiones vinculadas a la responsabilidad ciudadana que entran en juego.

No obstante, me parece que lo más interesante es pensar en otra capa de sentido que es en la capa de la desinformación. ¿Cuál es el concepto de la desinformación? ¿Qué intencionalidad hay detrás de esa instalación de una información falsa a la hora de pensar en una estrategia de multiplicación de voces?

“La desinformación puede definirse como la difusión intencionada de información no rigurosa que busca minar la confianza pública, distorsionar los hechos, transmitir una determinada forma de percibir la realidad y explotar vulnerabilidades con el objetivo de desestabilizar”, define Julia Alicia Olmo y Romero en su trabajo “Desinformación: concepto y perspectivas”. Ésta es una categoría de lo que es desinformación que es para mí el concepto que abarca esta situación y que trasciende un poco a lo que se denomina como fake news o para hablar en español al bulo informativo. Me parece que la categoría de desinformación es la que aplica.

—Las condiciones de la escena socio económica, política y cultural influyen en la viralización o ésta opera con mecanismos propios? Es decir, ¿la “realidad” abona a este despliegue de mensajes? Pero, por otra parte, ¿hay en el fenómeno de la viralización una necesidad de compartir información para ser parte de algo, para no quedar fuera, más allá del miedo?

Lo real o los acontecimientos que vivimos lo que hacen es, de alguna manera, potenciar, darle una verosimilitud a ese rumor infundado que circule exponencialmente en las plataformas digitales, sobre todo Whatsapp, que es una plataforma semi-pública, semi-cerrada, a diferencia de otras plataformas como Twitter que son semi-abiertas. Entonces me parece que hay algo ahí de lo real, que incide dentro de un marco de verosimilitud o es verosímil lo que estoy distribuyendo. Puntualmente, lo que circuló aquí en la ciudad en los días previos es que, no es verosímil, es real. Es concreto que tenemos una tasa de homicidios altísima si la comparamos con cualquier ciudad de Latinoamérica. Entonces, ¿cómo no va a ser verosímil que se distribuya una información que no está chequeada?

Una de las escuelas baleadas en abril en Rosario. (R.Lescano)

Por el otro lado, no creo que a uno lo impulse el no quedar afuera. En ese sentido, creo que lo que hace falta es más educación ciudadana. Hay un término que se suele usar que es el de prosumidor, una especie de combinación entre productor de contenidos y consumidor a la vez, que a mí me parece que queda corto para poder explicar el fenómeno porque de alguna manera nos pone a nosotros como consumidores y no como ciudadanos. Siento que no existe una categoría de ciudadanía digital, que en definitiva es ciudadanía como tal y es la que tenemos que ejercer. Igual en las plataformas digitales o en nuestra vida porque ahí está lo que está en juego, esa frontera sinuosa entre lo real y lo virtual que por supuesto es totalmente una frontera lábil y que todo el tiempo estamos siendo parte de ambas situaciones que no son sino la misma. Digo, lo real y lo virtual. Lo virtual es tan real como lo virtual y viceversa.

(www.bbc.com)

—La Justicia investiga por estas horas, de acuerdo a los dichos del ministro de Seguridad, Claudio Brilloni, la procedencia de estas amenazas, pero sabemos que no se trata de una novedad. En la ciudad ha habido viralizaciones con consecuencias.

—Con respecto al rol de la Justicia, se relaciona un poco con lo que te decía anteriormente. Muchas veces hablamos de ciberataque, de ciberseguridad, y en definitiva lo que nosotros tenemos que pensar es de alguna manera cómo la Justicia se «aggiorna» en torno a, no a nuevas modalidades, sino a nuevos usos de plataformas para delinquir. En este sentido, yo creo que la pregunta es, en qué situación se encuentra la justicia provincial a la hora de realizar un rastreo de este tipo de delitos. Esa es respuesta que debería dar la Justicia: esto se originó de esta manera, estos son los actores responsables de haber iniciado esta avalancha y de alguna manera poder identificar cómo fue estableciéndose esa viralización

—La viralización de amenazas ¿tiene características que la diferencien de otro tipo de fake news?

—Cualquier tipo de viralización tiene una singularidad. En Rosario no es nuevo. Recuerdo cuando fue la reunión de los integrantes de la Corte Suprema de Justicia que la noche anterior también hubo una viralización de mensajes de estas características. Pero, si uno de alguna manera uno lo contrasta con otros acontecimientos a nivel global, este es un fenómeno que se ha dado en distintas regiones del mundo. Uno conoce mucho más en occidente por proximidad, pero siempre tiene una característica. Yo creo que lo que se discute acá es el poder. Siempre hay un poder de turno que es quien se encarga de pensar en una estrategia puntual a la hora de la viralización y siempre se trata de buscar un resultado.

Entonces por eso sí me parece muy importante cuando pensamos en agenda de medios, cuando pensamos que estamos en los días previos al lanzamiento de una campaña política, qué poco se habla de prevención de adicciones, qué poco se habla de cuáles son los espacios territoriales a ganar en determinados barrios, qué poco se habla de accesibilidad y qué poco se habla de educación de la ciudadanía en torno a los derechos, obligaciones y responsabilidades a la hora de manipular este tipo de información tan sensible.

El fenómeno de la viralización (computacionconcarmen.jimdofree.com)

—También se produjo un hecho particular la noche del jueves pasado. Dos chicas convocaron a una pelea callejera y fueron unas 300 personas. Más allá del despliegue policial que dio la nota, ¿cómo analizás la escena? ¿Cómo captan la atención de tanta gente estas “boxeadoras” que se llaman a pelearse por un varón? Más allá de la misoginia y el machismo de la convocatoria que puede resultar atractiva para algunos y algunas, ¿cómo influyen las redes sociales y la reproducción a través de Whatsapp?

—La primera vez que escuché hablar de la web fue en el año 1997, había tenido oportunidad de viajar a Holanda y recuerdo que dos facciones de barrabravas se habían citado por internet en una esquina. A mí me parecía ciencia ficción. Cuando nos encontramos con este tipo de situaciones, si ha habido alguna de estas plataformas digitales en donde ese poder de lo viral es inmediato, intervienen cuestiones más primitivas si se quiere, que tienen que ver con el morbo y que después se terminan, de alguna manera, multiplicándo a través de los medios de comunicación tradicionales, como la televisión y medios puntuales. También pienso en lo que fue la muerte del Dios Punk, empezó a difundirse ciertas informaciones sobre la burundanga y demás. Creo que cada uno de nosotros tenemos que ser una especie de líder de la pequeña comunidad. Podrán decir que eso es como tapar el sol con la mano, pero desde ese lugar se empieza. Hoy, las nuevas generaciones te dicen que no se puede tirar un papel en el piso, algo que era muy habitual cuando uno transitaba la juventud, o cómo el movimiento feminista nos ha interpelado en cómo utilizar el lenguaje, entonces, me parece que nos falta un debate profundo sobre nuestras responsabilidades sobre distribuir y difundir y poder de alguna manera en los grupos y comunidades en las que participamos tener un mensaje que de alguna manera desactive este tipo de acciones.

Una multitud de jóvenes se sumó a una pelea de dos adolescentes en plena calle. (imagen El Tres)

— Sobre esta situación, ¿qué hay de la cultura de la espectacularización de la que habla Paula Sibilia en “La intimidad como espectáculo”? ¿Qué tiene que ver esta nueva forma del yo (hacia afuera) y básicamente concentrado en el tiempo presente, en estos procesos de reproducción en la que la veracidad es casi anecdótica?

—Con respecto al caso este de la convocatoria en red de un supuesto duelo, me parece que es interesante analizarlo desde el paradigma de Sibilia*, sobre todo porque hay algo ahí en torno a ese triple rol entre autor, narrador y personaje y sobre esa frontera sinuosa también entre lo real y la ficción, y la puesta en escena. Hay una puesta en escena donde los propios protagonistas son autores de esa contienda y son también los primeros narradores, pero después yo le agregaría una segunda capa que es también lo del relato en tiempo presente y la producción coral de un acontecimiento. Porque ahí habría que ver cuál es el acontecimiento, ¿el duelo o la convocatoria?. Esa me parece que es la pregunta. Y ahí el acontecimiento es en sí mismo la posibilidad de narrar a través de las redes. Esa me parece que es la singularidad del fenómeno. El fenómeno en sí mismo es ya el encuentro virtual.

Justamente ayer veía el duelo entre Ringo Bonavena y Muhammad Ali y antes de la pelea hay una provocación de Bonavena en torno a por qué no fue al ejército y le dice gallina. Eso también forma parte de la pelea que después Bonavena pierde. Hay como algunos elementos que se toman de otros plot point narrativos (hechos significativos dentro de una trama). Se me ocurrió el del boxeo, pero podríamos pensar desde un plot point de un western y en esa disputa en torno a esa desintermediación que mencionábamos antes y en esa frontera entre lo virtual y lo real, ahí es donde aparece narrado sobre todo en Twitter, que es una especie de subtítulo de la realidad.

* En “La intimidad como espectáculo” Paula Sibilia profundiza sobre cómo es exhibida la intimidad hoy, cómo el yo deja el anonimato para realizarse en el espacio público a través de la virtualidad.